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Entrevista sobre el movimiento gastrónomo underground

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Les comparto la entrevista que el Chef Monzter Cook me hizo sobre lo que alguna vez llamé, y continuo llamando, el movimiento gastrónomo underground de Querétaro. La entrevista está tomada de Facebook, y si bien no le he pedido permiso al Chef de poder publicarla, espero que no exista ningún problema.

Monzter

Muy bien Rodrigo, oye recuerdas que estoy haciendo una investigación de gastronomía underground y quisiera hacerte unas preguntas ya que de tu blog salió la idea de profundizar este tema

Rodrigo Castañeda

claro

tú pregunta

Monzter

Ok Rodrigo bueno, ¿qué es lo que tú defines “movimiento gourmet underground”?

Rodrigo Castañeda

El movimiento gourmet underground es esta tendencia que se ha venido observando en Querétaro, y otras partes del mundo, de ofrecer una comida diferente, desde una perspectiva más gastronómica, es decir enfocándose en la experiencia que es comer, en el maridaje, en la selección de ingredientes y la experimentación de sabores, texturas, aromas y colores, pero que no forma parte de estos restaurantes de “alta cocina”, que venden más la imagen del restaurante que la experiencia de la comida.

Es un corriente que ha surgido del interés de Chefs jóvenes de crear una cultura gastronómica, más por su gusto por la comida, que por ofrecer productos mamones a precios inflados

Monzter

Ok

¿Por qué decides interesarte en este nuevo estilo de restaurantes y comida?

Rodrigo Castañeda

Me intereso por ellos porque por una lado realmente promueven una cultura gastronómica, que la gente le pierda el miedo a la comida y busque probar cosas nuevas y diferentes, además de que ayudan a que rompamos con los estereotipos de que la buena comida es mamona o exclusiva de la gente que tiene dinero.

También permiten que nos vayamos creando como comensales un criterio gastronómico, donde no porque sea caro es bueno, sino que debemos de buscar buena comida porque es realmente buena.

En estos tiempos de comida rápida, de chefs huevones, de restaurantes pretenciosos, creo que el movimiento underground nos da la posibilidad de conocer como comensales, y de crecer como chefs, y si continua creo que veremos cosas muy interesantes

Monzter

Muy bien, ¿tú has visto restaurantes Underground en Querétaro? Y si sí, ¿puedes mencionarlos?

Rodrigo Castañeda

Kong es uno de ellos, creo que la labor que hacen es buena e importante; Mood; El gastropub que hubo alguna vez en Universidad, no me acuerdo cómo se llamaba su dueño, fue otro de los buenos ejemplos; 5demayo experimental es otro. También esfuerzos como los de Rustico Artesanal, que si bien no es restaurante, también hacen lo suyo por la cultura gastronómica. El restaurante italiano que está rumbo a la griega es otro, son algunos de los que se me ocurren ahorita.

Había un restaurante italiano, completamente desconocido,  donde el ganador del concurso nacional de gelato de Italia del 2004 era quien hacía los helados. Ahí conocí el helado de panna cotta y me enamoré. Cómo sufrí cuando cerró.

Pero también aquí hay que voltear a ver las cenas privadas, en corto, cenas degustación que luego hacen los chefs y que no necesariamente son de restaurante como tal

Monzter

Eso sí, y Rodrigo ¿tu consideras que algún bar sea underground?

Rodrigo Castañeda

Depende, sí hay bares underground, pero creo que no en el sentido gastronómico. Podría decirse, pero ya no son tan underground, que el movimiento cervecero de la ciudad salió justo de esa corriente y que ahora ha ido tomando fuerza.

Monzter

¿Por ejemplo algunos que den bocadillos que salgan de lo tradicional o lo común?

Rodrigo Castañeda

en ese sentido el gastropub que estaba en universidad, el Wicklow, el bar que está en la esquina de Cinco de Mayo y Río de la Loza, pero fuera de ellos,  la verdad no he encontrado otro que realmente ofrezca algo muy diferente, gastronómicamente hablando, a lo que estamos acostumbrados en los bares, y hace falta, mucha falta

Monzter

Ok Rodrigo, y bueno si conoces a chefs, dime de ellos quienes son los que para tu criterio están llevando a cabo el movimiento underground.

Rodrigo Castañeda

Uno de ellos creo que es Adrián Ro, desde las cenas degustación que organizaba, su trabajo en Kong, su trabajo como chef en todos los sentidos. Creo que es uno de los que ha inspirado que estas nuevas generaciones de chefs se atrevan a salirse de lo convencional.

Monzter

¿Algún otro?

Rodrigo Castañeda

Silvano, el chef del restaurante italiano que está rumbo a la griega, que a pesar de que el tratamiento es más de trattoria se preocupa por traer sabores auténticos y recetas auténticas. El chef del gastropub, que se me olvida cómo se llama, también; lo que hizo con el gastropub de darle licencia creativa a los chefs que trabajaban con él creo que fue un gran acierto.

El de Mood, que tampoco me acuerdo cómo se llama, pero es interesante ver cómo ha ido creando una cultura de la granita, que creo que antes no había en Querétaro bueno y todos los que pertenecen a una nueva generación de chef, ya sea que hayan trabajado con ellos, o busquen fomentar esta cultura gastronómica por ellos mismos.

Monzter

Muy bien Rodrigo, porque decidir hacer un blog ahora sí que desde la panza

Rodrigo Castañeda

Por un lado porque era, y es, una inquietud hablar de la comida como una experiencia, y hacerlo desde la parte del comensal, otra razón fue porque muchos grandes restaurantes, con excelente comida y excelentes chefs cerraban porque nadie los conocía. Y una tercera razón es para ayudar a la creación de una cultura gastronómica, algo que vaya más allá del taco y la hamburguesa, o el confit de pato, que todos los extremos son malos creo yo, algo que le dijera a las personas: vean todos podemos disfrutar de esto, solo tenemos que animarnos a conocerlo. Y porque food is the new porn.

jejeje

Monzter

¿Cuál es el plus que tiene un restaurante underground a uno convencional?

Rodrigo Castañeda

Por un lado la cercanía, tanto de los comensales, porque el restaurante underground te permite acercarte a los otros clientes, comentar con ellos, compartir tu experiencia y aprender de la de ellos. Por otro lado el estar en un ambiente relajado, donde no tienes que preocuparte por qué tenedor debes de usar para comer la ensalada, ayuda a más disfrutar lo que, y la verdad, yo que soy de los que se chupan los dedos cuando come alitas, no podría hacerlo en el caserío en el Tierra Media, comer debe de ser una acto hedonista, y por lo tanto un acto de libertad.

Monzter

Jajaja ok

Rodrigo Castañeda

Otra ventaja más es que el chef, o los chefs, están interesados en crear una experiencia, por lo tanto tienen un papel más protagónico, comparten con uno lo que hicieron y no se quedan atrapados en la cocina, anónimos, además el precio, el restaurante underground no cobra de más, porque he conocido de estos restaurantes supuestamente de alta cocina, que por lo que te cobran, la verdad, te quedan debiendo y mucho.

Monzter

Ok Rodrigo ¿tú crees que los nuevos gastrónomos, alumnos en escuelas de gastronomía y en el ámbito deben saber de este movimiento, y porque?

Rodrigo Castañeda

Creo que es muy importante que sepan del movimiento porque de esta manera podrán experimentar y pulir su potencial como chefs; les va a dar puntos de referencia para hacer cocinas con un mayor respeto por los ingredientes, donde se combinen varios aspectos de la gastronomía que, hasta ahora, han quedado algo relegados en los restaurantes convencionales; texturas, sabores, etc. Para que vean que el perejil no es solo de adorno o es para “ponerle un toque de verde al platillo”, y se le rayen su mamá a los que sugieren usar ajo en polvo. Para que se emocionen de ser chefs y prueben, compartan y, literalmente, se coman el mundo.

Y por otro lado, para que hagan comensales cada vez más exigentes, que disfruten de la comida por lo que es, una experiencia pensada para hacernos feliz, porque nadie debe de sufrir el comer.

Monzter

Concuerdo con eso y por último, ¿cuál es el restaurante más underground de Querétaro y cuál ha sido el platillo que más te ha gustado?

Rodrigo Castañeda

Bueno, para mí, fue una de las cenas de degustación de las que hacía Adrián, una que tuvo el tema de la infancia, donde todo estaba pensado para recordarnos cuando éramos niños. Una gran cena, por cierto y el restaurante más underground, pues así que sea el más, más, todavía no lo he encontrado, pero espero encontrarlo porque yo creo que sería toda una experiencia

Monzter

Muy bien Rodrigo

Muchas gracias.

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Kong Kustom, cocina y arte en el mismo lugar.

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Rodrigo Castañeda

Como ya muchos sabrán, lo que antes era el Tako Kong de cinco de mayo, cambió desde al año pasado de nombre y de concepto; ahora es Kong Glocal Eatery.

Este nuevo concepto es más que solo una cocina novedosa, honesta y divertida, es también el proyecto de ser un eatery/galería en donde formas de arte diferentes y lúdicas tengan lugar. Así es como nace el proyecto de Kong Kustom.

Inaugurado en noviembre del 2011, Kong Kustom inicia con una idea que, en lo personal, encuentro de lo más creativa. Varios conocidos de los socios de Kong, e incluso ellos mismos, se dieron a la tarea de alterar el gorila que ha servido como símbolo de este eatery. De pronto una de las paredes del local está llena con varias aplicaciones del gorila de Kong, así como también ilustraciones e incluso textos que giran alrededor de esta idea tan mona.

Piezas de conversación, algo que ver mientras se mastica, objetos para perder la tarde del sábado en la total contemplación, las obras de Kong Kustom son el ingrediente que faltaba para hacer de este restaurante algo único en su tipo en Querétaro, miembro honorario de lo que he bautizado como el movimiento gourmet underground queretano.

María y su Bici

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Los chinos tienen un dicho que siempre me ha gustado mucho: “Saber comer es saber vivir”, por eso, y porque unos muy amigos muy queridos me lo pidieron, es que fui a un restaurante ubicado en la calle de Cinco de Mayo, en la Ciudad de Querétaro: María y su Bici.

Cuál sería mi sorpresa al entrar y ver escrito en la pared, con diferentes palabras, todo lo que encierra aquel dicho chino —en la par

ed se lee: “Este mesón es para que compartamos lo básico

de la vida; los alimentos, el mezcal y la buena charla”—; y es que de entrada ir a María y su Bici es toda una experiencia, no solo por su cocina oaxaqueña o porque uno tenga que escoger entre los tres locales de diferentes que hay en la ciudad, dos de ellos en la misma calle y separados solo por el Tako Kong, del que soy fiel seguidor, un estacionamiento y una oficina pública, sino porque el lugar en sí es mágico, como lo demuestra la gran mesa que se encuentra a la entrada y que invita a dejar de lado las inhibiciones gastronómicas y sociales, para compartir mesa con desconocidos y entablar, si la suerte nos sonríe, una sobremesa única e irrepetible, con comensales que tal vez no volvamos a ver nunca.

Que el lugar sea agradable es especial, porque hace del momento de comer algo especial, envolvente y no aislado, un instante en el que ambiente y cocina se unen para llenar no solo nuestro estómago, sino nuestros sentidos.

Tlayuda

Una sabrosa tlayuda con cecina

No les digo, el lugar es mágico, al punto que hoy, solo de recordarlo, ya me pongo a filosofar sobre la cocina y el ambiente, y todo eso, y aún no he dicho nada sobre la comida.

El menú de María y su Bici es oaxaqueño/queretano, principalmente, lleno de los sabores que distinguen ambas regiones; el mole negro, los chapulines, la cecina, el mezcal, la chía y el chocolate.

No bien me iba sentando, ya tenía la boca hecha agua nomás de imaginar un burrito de mezcal de mina o de pechuga —mi madre prefiere el de nanche—, o el queso Oaxaca, o el sabor tan especial de los chapulines.

El primer día que fui hacía un calor como pocas veces ha hecho, así que comencé por pedir un tejate, que es una bebida que está hecha con maíz, cacao blanco, huesos de mamey, flor de cacao y azúcar, y se toma bien fría. Ya el tejate en sí es una comida completa, y se siente en su textura rica, que le llena a uno la boca y la panza.

Ya más fresco después del primer trago de tejate —tengo que confesar que se me hace agua la boca mientras escribo— lo primero fue pedir una ensalada María y su Bici, que es un ensalada de jitomate, hebras queso Oaxaca y una salsa de jitomate como nunca he probado en la vida, sazonada de una manera que hacía que el sabor del jitomate crudo resaltara de forma tan agradable que pude haberme pasado toda la tarde comiendo solo eso.

Después una sopa de frijol, espesa, bien sazonada, con su crema y su quesito. Al punto.

Tengo que confesar que cuando llegué al plato fuerte di de frente con una encrucijada; ¿qué hacer, pedir unas enchiladas de mole, unas enfrijoladas, un plato surtido de los que tienen o una tlayuda? Después de un buen rato de deliberar con I, que me acompañó ese día, nos decidimos por la tlayuda.

Yo soy de buen comer, pero al ver el tamaño de las tlayudas, y valorar el espacio que ya ocupaban en mi estómago la ensalada, la sopa de frijol y el tejate, decidí modérame un poco y pedir, junto con I, una tlayuda para los dos, ya habría tiempo y vida para regresar (y miren que he regresado).

La tlayuda, es una tortilla de maíz tostada, de un diámetro bastante respetable, a la que se le pone, en este caso, mole, hebras de queso Oaxaca, aguacate y cecina, o tasajo o longaniza, o una combinación de todo, ideal para ir comiendo de un lado a otro, o para sentarse y compartir.

Para rematar, y más por gula que por otra cosa, unos plátanos fritos, con su crema y su azúcar. Para salir del local fue necesaria una rampa y que nos rodaran hasta el auto; eso sí, rodamos felices.

María y su Bici me encantó, la verdad es que no puedo decir que nada me haya disgustado, ¿les mencioné que además venden mezcal de todo tipo? ¿Desde el artesanal hasta el comercial?

Es un lugar ideal para ir a comer en el fin de semana, y después irse a pasear por el centro de la ciudad

para bajar la panza, y en una de esas hasta volver otra vez, porque algo tiene que cenar uno ¿qué no?

Y así, con el concepto de que la vida es una gran mesa y la vida se resume en c

omer sabroso —concepto que ni la iglesia nos ha podido quitar, y miren que lo ha intentado— me despido invitándolos a que vayan a María y su Bici, a comer bien, a beber mejor y a disfrutar con la plática que esto genera.

tejate

El refrescante tejate

De las cenas degustación.

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Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a una nueva cena degustación realizada por el Chef Adrian Ro. No es la primera cena a la que se me convida, y definitivamente no será la última a la que iré —la  siguiente es el 21 de marzo—, pero sí es la primera en la que reflexiono sobre la importancia de este tipo de eventos para crear una cultura gastronómica.

Pero vayamos por partes. Para comenzar la idea que tenemos sobre lo que es una cena degustación. Si hemos visto programas de televisión, o acudido a una de estas cenas, nos queda claro que un evento de este tipo es para gente muy “acá”; que se siente mucho, de mucha lana, que disfruta de comida rarísima en porciones extremadamente pequeñas, y cosas por el estilo.

Muchas de esas ideas están en lo correcto, pero no porque así sean todas las cenas degustación, sino porque se ha creado toda esta cultura élite alrededor de la comida, de tal suerte que consideramos, los pobres mortales, que esas cosas son para gente que no tiene nada mejor que hacer, a nosotros que nos dejen con nuestros tacos y se acabó.

La idea del “gourmet” le ha estado poniendo en la torre a uno de nuestros pasatiempos favoritos: el comer; sin embargo no tiene por qué ser así.

Ir a una cena degustación, primero que nada, no es ir a un evento de alta alcurnia, a menos de que solo vayas para presumir y no tengas en realidad idea de lo que se trata; el verdadero gourmet en realidad sabe apreciar desde el taco placero hasta la comida de autor, dando su lugar y momento a cada cocina. ¿Qué quiero decir con esto? Que el ir a un evento de este tipo es, en realidad, ir a disfrutar de la experiencia de la comida, desde una perspectiva más amplia que simplemente la mecánica.

Ampliar nuestra cultura culinaria no quiere decir que tengamos que comer así todos los días. En realidad este tipo de reuniones están más encaminadas a experimentar la comida de una forma diferente, de igual manera que disfrutamos de una exposición fotográfica, pictórica o una puesta en escena. Son eventos únicos y, en muchas ocasiones irrepetibles, pues se tratan de descubrir que es lo que el artista, o el chef en este caso, está tratando de transmitirnos a través de su trabajo.

Casi siempre hay un tema, puede der la acides, lo dulce, lo dulce y lo salado, la comida de la infancia, en fin, cualquier cosa puede servir como eje central de la degustación, a  final de cuentas es la visión particular del chef, su propuesta, la que vamos a descubrir.

Una degustación no es la comida de todos los días, es una experiencia particular en la que es necesario prestar atención a lo que comemos, pero sólo por una comida, después regresamos a los alimentos comunes, los de nuestra rutina diaria; pero no regresamos igual. Así como quien aprende a discernir entre los diferentes instrumentos de una orquesta —aunque no los distinga todos—, así aprendemos a distinguir sabores e ingredientes. No estamos tratando de descifrar la fórmula del taco de chicarrón en salsa que nos estamos comiendo, pero sí apreciamos que sabores se combinan y cómo podemos acentuarlos. Vamos, no seremos considerados unos gourmets profesionales (ni lo quiera Dios bendito), pero sí despertaremos nuestro sentido del gusto en la vida cotidiana, un sentido que, debemos de admitirlo, tenemos bastante olvidado.

Pero no solo se trata de aprender a distinguir sabores, sino también de comenzar a tener una cultura culinaria. Yo siempre he pensado que para tener una visión gourmet no se necesita comer de todo, no para que podamos ser parte del grupo de personas que disfrutan de la comida tenemos que entrarle a los sesos de mono, o a los peces de pantano, o a las criadillas o la médula. De ser así la comida se transformaría en una tortura, peor que la dama de hierro, y comer sería una experiencia muy desagradable. Dejen esa clase de cosas para los que son gourmets de dientes para afuera, aquellos que lo hacen, o dicen que lo hacen, solo para impresionar a los que los rodean. Que ellos coman todas esas porquerías. Nosotros, los que sí sabemos disfrutar la comida, tenemos muy en claro qué nos gusta, pero sobretodo sabemos qué no nos gusta. Yo por ejemplo, no puedo comer patas de cerdo, no me importa qué tan deliciosas digan que son; no puedo con la textura. Y para aprender esto también sirven las degustaciones.

Degustar es probar, pero no únicamente sabores, sino todo lo que tiene que ver con la cocina, los olores, las texturas, los sonidos, cómo se ven los platillos; comer es una de las actividades más sensuales que hay, porque relaciona cada uno de nuestros sentidos. Es en este momento donde podemos apreciar cada una de las sutilezas de lo que significa comer. Es un tiempo que nos regalamos para sentir.

Por eso es importante estar atento a este tipo de cenas o comidas. Cierto habrá algunas que sean extremadamente caras o “sangronas”, pero esas casi siempre son en restaurantes de mucha categoría, donde el cubierto sale en, por lo mínimo, quinientos pesos. Pero no son las únicas. Actualmente hay un boom en la cantidad de estudiantes de gastronomía. Estos egresados, o incluso quienes todavía están estudiando, ya tienen la intención de probarse como creativos culinarios, y en muchas ocasiones organizan, a través de su escuela o con sus amigos, degustaciones en las que proponen su visión de la cocina. También hay chefs que hacen degustaciones por el simple placer de cocinar y compartir. No importa cuál sea el pretexto, preguntando se llega a Roma, y no faltará quien nos dé información sobre el próximo evento.  Y les repito, ir a una de estas cenas no es ir a que nos vean (como muchos creen) es ir a darnos la oportunidad de sentir, de vivir de manera diferente el placer de comer. Es una experiencia que vale la pena vivirse.

Pa’ cochinita: El Habanero

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Las salsas. cebolla, cebolla con habanero y la de puro habanero

Ahí estaba yo, pensando muy seriamente en los puntos que debería de poner en lo que sería la entrada sobre sándwiches de esta semana. Investigando la historia. Imaginándome el sándwich perfecto. Comentando con los amigos sobre la idea. Estos, y para ser específicos LoY Ste —no pongo sus nombres porque qué tal que en una de esas son testigos protegido—, al verme tan emocionado, trajeron a la mesa las tortas y de ahí saltamos a las tortas de cochinita. Total que para no hacerles el cuento largo acabaron llevándome a las que, me aseguraron, son las mejores tortas de cochinita pibil de la ciudad.

Tengo que confesar que en el tema de la cochinita son medio quisquilloso, la mejor que he probado hasta ahora la hacía una señora yucateca, que por motivos de salud se retiró del oficio. Desde que probé su cochinita, me di cuenta de que hay de cerdos con achiote a cerdos con achiote, pero que no por eso a todos se les puede llamar cochinita.

Acepté a ir con Lo y Ste —leído así parece nombre de compañía que fabrica cajas fuertes— pues realmente es difícil encontrar buena cocina yucateca tan al centro del país, y la esperanza de unas buenas tortas de cochinita valía la pena investigarse.

Para los que nunca hayan ido al mercado de la Cruz, me permitiré hacer una breve, aunque no precisa, descripción del lugar:

Como cualquier otro mercado en México, el mercado de la Cruz es un universo en sí mismo. De lunes a sábado es la imagen tradicional de nuestros mercados. Entrar es encontrarse de pronto en el territorio comanche de los vendedores, que a diestra y siniestra lo asaltan a uno con su “pásele güerito”, “se lo muestro”, “barato el jitomate”, “qué le damos marchante, usted escoja”.

Exceptuando el pasillo de en medio y los pasillos exteriores, que están dedicados a la ropa, los perfumes y esas cosas, todo el resto del mercado es un mosaico de carnicerías, frutas de todos colores, pollos que cuelgan de ganchos, pescados que lo ven a uno con ojos enormes, quesos, crema, dulces, tacos, caldos, barbacoa, cocteles de camarón y tantas otras cosas que despiertan el apetito del más inapetente.

Los domingos el mercado de la Cruz se vuelve todo un centro comercial hecho y derecho. Alrededor de la estructura principal centenares de mercaderes venden todo tipo de productos; desde ropa traída de los Estados Unidos, en lo que son los remanentes de la que alguna vez fue la tradicional fayuca, tacos de cecina de la sierra, películas piratas, y juguetes y video juegos.

A las afueras del mercado, al cruzar la calle para llegar a la acera contraria, se encuentra un local que se distingue de los otros por lo colorido y bien diseñado de la marquesina que lo nombra como: El Habanero. El color naranja del cartel da juego a la ilustración de un chile habanero en todo su esplendor.

El chile habanero es esencial en la cocina yucateca e imprescindible, junto con la cebolla morada, cuando se habla de la cochinita pibil. Nada más para que se den un quemón, literalmente, el chile habanero está entre las 100,000 y las 350,000 unidades Scoville, o sea “pica” es un eufemismo.

Por dentro el local está limpio. Es atendido por una familia de lo más agradable, que en cuanto entramos nos saludó con una sonrisa —sí, toda la familia. Una mirada rápida al menú, que se encuentra pegado a las paredes, y uno se da cuenta de que la especialidad de la casa es el único platillo de la casa: la cochinita pibil.

“Tres tortas y tres tacos”, dijo Ste con su acento escocés, dominando la situación. La señora que nos atendió —a quien le daré el papel de la abuela de la familia, espero no equivocarme—, se voltea de inmediato hacia mí y me pregunta: “¿y para usted?”

Más allá de sentirme ofendido porque nos llamaran tragones, entiendo que es común que las personas coman más de una torta y más de un taco. Sin embargo aclaro que la orden es para Ste, Lo y yo, pero que le agregue una orden de panuchos, ya saben, por si uno se queda con hambre.

Antes que las tortas, llegan las salsas. Una ojeada rápida me permite identificar la que es pura cebolla morada encurtida, la que es cebolla y chile habanero picado, y la que es puro chile habanero, a lo mucho mezclado con algo de mayonesa. Tomo la cuchara de esa salsa de un naranja vivo y deposito una gota en la mano. Es el momento de medir el picor. Me llevo la gota a la lengua, con cuidado de no tocar los labios porque si no el desastre sería inminente. Deposito el espeso líquido en la parte de atrás de la lengua. Cierro los ojos. No pasa nada por unas cuantas micro décimas de segundo que me dan una falsa sensación de seguridad. De pronto mis papilas comienzan a percibir el sabor de los chiles pasados por el comal y un poco de ajo. Después de eso, todo arde; la garganta, la lengua, los cachetes. Comienzo a sudar y siento cómo la presión me sube. He desafiado a los dioses del chile habanero, afortunadamente con solo una gota.

Llegan las tortas. Nada complicado, embarrada de mayonesa, embarrada de frijoles y la cochinita. Los tacos igual: tortilla y cochinita, también los panuchos. Sin embargo, al probar la cochinita pibil del lugar me doy cuenta de que Ste y Lo tienen toda la razón, es excelente. No tiene la acides de otras cochinitas, no gana el sabor del achiote, sino que se balancea con el sabor de la carne de cerdo. La carne está completamente limpia y desmenuzada, lo que significa que esta es una cochinita hecha con amor y con mucho, mucho tiempo, cocinada lento para que absorba todo el sabor del achiote. Vamos, que es una cochinita hecha y derecha.

Unas cuantas gotas, nada más gotas, de la salsa de habanero, su cebolla morada encurtida y pa’dentro. No se puede pedir nada más, bueno, tal vez, como buen mexicano que es uno, pueda pedirse un limón, pero hasta ahí.

Si pueden vayan. Yo quedé fascinado. El lugar no es caro, la cochinita pibil es excelente, ideal para ordenar un par de tortas para llevar el fin de semana e irse a encerrar a ver unas películas; o comer sabroso entre semana con las prisas.

Les dejo la dirección: Garibaldi No. 30 Local 8 Col. Centro.

Ah, también tienen servicio a domicilio

Stir Fry en Tako Kong

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Cuando escucho el nombre de Tako Kong se me antoja —porque cómo es importante la palabra “antoja” cuando uno habla de comida—, la imagen de un escenario en el que Tongolele baila de manera frenética al ritmo de tambores, mientras un taco de unos quince metros de altura aparece detrás de ella, después, para completar la fantasía, el taco rompe sus cadenas, se come a Tongolele, se come a todo el mundo y, en lugar de ir a escalar el Empire State, o la Torre Latino, llama a otros tacos y domina al mundo. Ah, sí tan solo la vida fuera así.

La verdad es que Tako Kong es uno de esos lugares que el comensal conocedor agradece; y no es el decorado —que miren que los murales están padres—, o la música, programada por gente que tiene un gusto que llamaré impecable, por parecerse tanto al mío, claro que esas cosas ayudan, pero lo que hace de Tako Kong un gran lugar para desayunar, comer o cenar, es que está pensado como un sitio para los amigos.

Creo que los dueños tienen la visión correcta, crear un lugar nuevo e innovador, con una buena cocina y precios muy accesibles; un lugar pensado para que sus amigos disfruten, y partiendo de esa idea, disfruten todos los demás. Es como si fueran a comer a casa de algún cuate que realmente cocina bien.

Desde hace tiempo he hablado en distintos medios sobre la cocina del Chef Adrián Ro, que es justamente el chef, y socio, del Tako Kong, y la verdad es que como estómago agradecido que soy, no pude perderme la oportunidad de ir a probar su stir fry, plato que se promueve en estos meses como parte del menú asiático del lugar. Después, en el mes de abril según me comentó el chef, vendrá la temporada marroquí, que ya estaré comentando.

Para comenzar la idea del stir fry del Tako Kong, es el vivo reflejo del gusto de Adrián por la cocina. Desde que lo conozco, y después de haber probado algunos de sus platillos, me queda claro que su idea es hacer de la comida algo divertido, que no burlón, algo que represente quienes somos como generación, resumiendo en sus platillos la infancia, adolescencia y madurez de los que crecimos con Mazinger Z, los pulparindo y el Boing de triangulitos.

El especial del día, que fue el que pedí, era una mezcla que contenía camarón, ajo, chile de árbol, cacahuates, ajonjolí, cebolla, cebollín y piña —nada más de acordarme comienzo a babear—, todo mezclado con fideos justo en su punto.

Para rematar un rollo vietnamita, que es como un rollo primavera, mucho menos frito, es decir que no es crocante. El relleno estaba compuesto por vegetales y, en mi caso, un rollo de carne de res y otro de atún rojo, que es atún fresco y no un pez comunista.

Por menos de doscientos pesos dos amigas y yo cenamos a gusto, no fue un atasque, pero quedamos satisfechos, y después completamos la velada con una sobremesa que se extendió por un par de horas, lo que habla de lo cómodo que es el lugar.

Definitivamente les recomiendo ir, no una, sino varias veces a probar los diferentes stir fries que tienen en el menú antes de que cambien al marroquí. Es el platillo ideal para comer después de tomar un par de copas en algunos de los bares del centro. Definitivamente es un concepto de comida callejera que me agrada.

Para que prueben les dejo la dirección: Cinco de Mayo 87, entre Altamirano y Río de la Loza.